Prohibida la propiedad y la riqueza en Cuba: marcha atrás sin freno

Elías Amor Bravo, economista

Uno de los temas planteados en las comisiones de asuntos económicos, constitucionales y jurídicos y atención a los servicios de la Asamblea Nacional ha sido la regulación de la propiedad y la riqueza en Cuba. Marino Murillo, que había estado fuera de juego en los últimos meses, ha surgido de las cenizas, cuál ave fénix, para tratar de reivindicar, como señala Granma, “las modificaciones realizadas a los documentos del Partido por parte de los diputados a la ANPP y los miembros del Comité Central del Partido en las reuniones del mes de abril, así como aquellas propuestas que no fueron aprobadas”.

Modificaciones que en lo relativo a la propiedad y la riqueza en Cuba se inclinan hacia el ala ideológica más reaccionaria del régimen comunista. O expresado, tal y como lo ha dicho el diputado por el municipio Manatí, Pastor Batista “en las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad y la riqueza material y financiera…”.

No se permitirá. Otra prohibición más del régimen castrista a la que se debe estar atento. Básicamente por lo que supone de distancia de la economía cubana del resto del mundo en esa obsesión dinástica con “la concentración de la propiedad y la riqueza material y financiera” que ha tenido efectos tan negativos sobre el país.

A los diputados cubanos les preocupa “qué estamos haciendo para evitar que se concentre la riqueza, un fenómeno que constituye hoy una realidad en un pequeño sector de la población”, sobre todo, en lo que llaman “formas no estatales”, que no son otra cosa que pequeñas empresas y proyectos emprendedores que están en el origen de la generación de riquezas que se quieren cercar y prohibir desde el Estado totalitario. En cuando a “pequeño sector de la población” su número limitado obedece al “racionamiento” en la concesión de licencias para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, que es otra forma de controlar el sector en su conjunto.

La libertad económica es objeto, una vez más, de obstáculos para su pleno desarrollo en Cuba. Por si alguien no lo había entendido, ni los acuerdos con Obama, ni la apertura a la inversión extranjera, ni las generosas condonaciones de deudas por parte del Club de París, o los acuerdos de cooperación con instituciones internacionales, como la Unión Europea, han servido para que el régimen comunista deje atrás su penosa herencia de ineficacia y pésima gestión que ha llevado a los salarios medios de los cubanos a los niveles más bajos del mundo. Sino, todo lo contrario, al reafirmar la guerra obsesiva contra la propiedad y la riqueza de los cubanos.

Los herederos de las confiscaciones y expropiaciones sin compensación que comenzaron en 1959 y finalizaron en 1967 con la llamada “ofensiva revolucionaria” no quieren reconocer los errores cometidos por sus antepasados, y se cierran en banda a cualquier reforma institucional de la economía que suponga trasladar a los cubanos la capacidad de elección y el derecho a decidir en cuestiones económicas. Limitando la propiedad privada y la riqueza, el régimen comunista mantiene el control económico sobre la población que tantos réditos ha dado a la demagogia y propaganda castrista, convirtiendo a la isla en uno de los últimos reductos de la trasnochada guerra fría.

Es lamentable que ahora, que tienen todo a su favor para que los cubanos puedan volver a disfrutar de la prosperidad económica que les arrebató Fidel Castro, se mantengan firmes en sus posiciones y se nieguen a cualquier cambio. Y además, lo hacen desde un profundo desconocimiento de las reglas de funcionamiento de la economía de mercado, la misma a la que no quieren abrir espacios en Cuba. Y si no, qué nos explique Murillo qué relación puede existir entre un modelo multisectorial en la economía, y la posibilidad de contratar fuerza de trabajo, con la generación de excedente económico. Evidentemente, ninguna. Cuidado, mucho cuidado con lo que se dice porque eso afecta la credibilidad internacional de la economía mucho más que un presunto embargo o bloqueo, o un impago de deudas.

Además, algunas de las ideas que han salido a la palestra son abrumadoras y ponen de manifiesto, una vez más, las lógicas precauciones que los inversores internacionales deben mantener con la economía castrista. Por supuesto que allí donde hay propiedad privada tiene que existir un determinado nivel de concentración. De hecho, la propiedad tiene como finalidad el crecimiento. Que Murillo se lo pregunte a los inversores canadienses, holandeses o españoles. O si quiere a los brasileños del Mariel. Todos le van a decir lo mismo. Invierten en Cuba para ganar ingresos, acumular más riqueza y pagar beneficios a los accionistas. No son organizaciones de beneficencia. No sólo aspiran a más ingresos para generar más riqueza, sino también empleo, progreso, bienestar. Murillo dice que hay que “precisar qué entendemos por concentración de la riqueza”.Que les pregunte. Los tiene cerca.

Sin duda, una cuestión de primer curso de economía que cualquier estudiante le podría responder pero que estos inversores extranjeros lo harán encantados. La concentración de la riqueza es fundamental para el despegue de las naciones, para la innovación tecnológica, para el desarrollo sostenible y la acumulación. La riqueza permite a las sociedades crecer de generación en generación, superar los lastres del subdesarrollo y modernizarse. Sin concentración de la riqueza, las naciones se convierten en ejércitos de pobres sometidos al control del estado, sin capacidad de consumo e inversión, ni libertad para elegir. La ausencia de concentración está directamente relacionada con la pobreza y el totalitarismo económico.

La riqueza no cae del cielo. Se genera con la corriente de ingresos proveniente del trabajo, el esfuerzo, la capacidad de asunción de riesgos, el talento y la cualificación, la capacidad para emprender y la existencia de un sistema jurídico y normativo que facilite el proceso de creación de la riqueza y no lo obstaculice. Valores que existieron en Cuba antes de 1959. La riqueza se genera con ingresos procedentes del uso adecuado de aquellos factores productivos. Después se acumula con el ahorro y la restricción del consumo a corto plazo para disponer de ingresos para el futuro. Murillo puede pensar en la política tributaria que considere más adecuada para la redistribución de los ingresos. Pero esa política de redistribución de los ingresos no debe suponer una agresión a la propiedad y la riqueza construida, porque entonces, la economía entra en crisis.

La regulación que se plantea el Estado castrista para frenar la concentración de las riquezas es una vuelta atrás, un regreso al pasado, a un modelo que no ha funcionado, pero que se resiste a desaparecer. Ni la empresa estatal socialista, ni la inversión extranjera, ni tampoco las cooperativas controladas por el régimen van a servir para que la economía cubana salga del atolladero. Hay que devolver la riqueza y la propiedad a los cubanos. A todos. Y permitir que esa riqueza se acumule y crezca, con instituciones jurídicas estables y creíbles. Por supuesto que pueden aparecer desigualdades, y para ello diseñar sistemas tributarios modernas y eficientes que no frenen el proceso de crecimiento de las bases imponibles. Hay mucho que aprender y más que hacer. No pierdan esta oportunidad histórica.

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